Buen Humor en la Literatura

La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar.” Friederich Nietzsche

 

El buen humor en la cultura se manifiesta y presenta en prácticamente todos los géneros; desde la literatura al cine, en la radio, la televisión, pasando por la pintura, la música, la escultura y la fotografía.

Pero si el lenguaje no es el único medio del buen humor, si es su materia prima y su mejor exponente.

En la literatura, en los libros, tenemos casi toda la sabiduría, los conocimientos, la descripción de la belleza, la poesía, y la fantasía que el hombre ha acumulado durante milenios. Es, sin duda, el legado y el tesoro que nos han dejado cientos de generaciones previas.

En esta, tenemos una veta valiosa y atractiva del buen humor, entendido este como un modo gracioso o simpático de presentar, enjuiciar o comentar la realidad. Se transmite el mensaje resaltando el lado cómico, el ridículo o risueño de la situación; en ocasiones recurre a la ironía, como burla fina y disimulada, a la sátira o inclusive hasta el cinismo. Es clásico el humor en los dibujos, caricaturas y cartones; maestros del humor crítico como Joaquín Lavado “Quino” (Mafalda), Charles Schulz (Peanuts), Scott Adams (Dilbert), Eduardo del Rio “Rius” (Los Supermachos) o el imperdible y certero Paco Calderón, nos divierten y nos llevan a la reflexión.

Me ha atraído y divertido esta clase de literatura; existen innumerables obras dentro de este género, de diversos autores. Basta recordar a gigantes como Moliere, Oscar Wilde, Mark Twain, el mismo Miguel de Cervantes, Quevedo y toda la picaresca española, Jardiel Poncela, Cortázar, Ibargüengoitia, Fontanarrosa, etc.

Uno de mis favoritos, por el tipo de buen humor punzante y cínico que maneja, es Ambrose Bierce, quien vivió una vida azarosa e interesante, como su obra.

Ambrose Gwinett Bierce nació en Meigs, Ohio, un 24 de junio de 1842 y murió posiblemente en Chihuahua tal vez en el 1914. Considerado como escritor, periodista y editorialista, su estilo vehemente y hasta cínico ha conservado su popularidad un siglo después de su muerte. Ese mismo estilo cáustico hizo que le apodaran El Amargo Bierce.

Curiosamente, su vida y muerte se vinculó a nuestro México. En octubre de 1913, Bierce partió de Washington D. C. para recorrer los antiguos campos de batalla de la Guerra Civil americana. En diciembre cruzó a nuestro país por El Paso, que por entonces estaba en desarrollo. En Ciudad Juárez se unió al ejército de Pancho Villa como observador, llegando hasta Chihuahua, donde su rastro desaparece. Se trata de una de las desapariciones más famosas de la historia de la literatura; H. P. Lovecraft se refiere a ella en su novela El Que Acecha en el Umbral (The Lurker in the Threshold) en 1945.

Se dijo que había muerto luchando contra Villa, pero en la época de su desaparición debía de tener más de setenta años y era prácticamente un inválido. Jamás se volvió a saber de él.

Aunque desde entonces se han recreado muchas teorías, el misterio permanece.

Antes de partir a México, en una carta fechada el 1° de octubre de 1913, escribió a una de sus familiares en Washington: «Adiós. Si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México. ¡Ah, eso sí es eutanasia!».

Se supone que pudo ser asesinado en el sitio a la ciudad de Ojinaga, en enero de 1914, pues un documento de la época consigna la muerte en esta batalla de «un gringo viejo». La tradición oral del pueblo de Sierra Mojada, Coahuila, documentada por un sacerdote, atestigua que Bierce fue ejecutado por fusilamiento en el cementerio del pueblo.

Nuestro Carlos Fuentes escribió una novela sobre los últimos años de Bierce, titulada Gringo Viejo, la cual fue posteriormente llevada a la pantalla grande, la que resultó un churro

Bierce escribió gran número de obras, editoriales, ensayos y cuentos. La lista es impresionante. La que conozco y me atrae y divierte mucho, por su fina ironía y buen humor, es su famoso “Diccionario del Diablo”, escrito en 1911, en el cual presenta cientos de definiciones ideadas por él.

Comparto una selección de entradas divertidas y que invitan a la reflexión (traducción libre):

Abdicación. El acto por el cual el soberano en turno comprueba la elevada temperatura del asiento del trono.

Aborigen. Individuos de poca valía que se encuentran estorbando el suelo en un territorio de nuevo descubrimiento. Pronto cesan de estorbar; lo fertilizan.

Abstemio. Persona de carácter débil que cede a la tentación de negarse un placer.

Aburrido. Aquella persona que habla cuando deseas que te escuche.

Admiración. Nuestro socialmente correcto reconocimiento de la semejanza de otro en nosotros.

Alianza. En política internacional, la unión de dos ladrones que tienen las manos tan metidas en la bolsa del otro, que no pueden separadamente robar a un tercero.

Amnistía. El estado de magnamidad para aquellos ofensores a los cuales sería muy costoso castigar.

Apetito. El instinto sabiamente implantado por la Providencia como una solución a la repulsión al trabajo.

Espalda. Esa parte de tu amigo de la que tienes el privilegio de contemplar en la adversidad.

Carnada. La preparación que hace al anzuelo más apetecible. La mejor es la belleza.

Belladona. En italiano, una mujer hermosa; en inglés, un veneno mortal. Un ejemplo interesante de la identidad esencial de los dos idiomas.

Bigamia. Un error en el buen gusto por el cual la sabiduría del destino castigará con trigamia.

Bruto. Véase “esposo”.

Caaba. La gran piedra que el Arcángel Gabriel le entregó al patriarca Abraham y que se conserva en la Mecca. El patriarca había pedido pan.

Cañón. Instrumento utilizado en la rectificación de las fronteras nacionales.

Novia. Mujer cuyo prospecto de felicidad se encuentra en su pasado.

 

Leyendo y entendiendo a Bierce, viene a cuento y da sentido esta frase de Winston Churchill: La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela de lo que son…

Bierce, de mil maneras, nos mostró lo que somos y cómo reírnos de nosotros mismos.

 

6 comentarios en “Buen Humor en la Literatura”

  1. Luis, disfrute leyendo esta entrada, curiosamente no hace mucho leía “el club de los parricidas” un compendio de cuatro o cinco cuentos de Bierce, con su peculiar humor negro e ironía.

    1. Mira que interesante casualidad… Sí, la obra de Bierce es muy grande, especialmente en el área de cuentos cortos y narraciones. Celebro que disfrutes, como yo, de “El Humor en la Literatura”

  2. Removiste mis recuerdos de las agradables lecturas ceceacheras de Bierce, es simplemente genial. Un fuerte abrazo.

Los comentarios están cerrados.