El Capitán del Equipo

Hay ocasiones en nuestras historias personales en las que las circunstancias nos juegan situaciones e ironías inesperadas, las que nos llevan a la necesidad de adaptarnos y a enfrentar los retos que se nos interponen. De niño, como todos ustedes, tuve muchos de estos retos, unos pequeños, otros enormes… Recuerdo uno en especial, por sus inesperados acontecimientos.

Estudie la primaria en una escuela pequeña, en la que se impartía una educación de gran calidad, muy personalizada y sustentada en principios y valores. Sin embargo, la “educación física” que se nos proporcionaba era simplemente sesiones aburridas de gimnasia; un día a la semana, íbamos uniformados y corríamos, brincábamos y movíamos los brazos como los molinos de Don Quijote. El profesor de gimnasia, Alfonso, mejor conocido entre nosotros con el apodo de el pongan atención, porque era su grito rutinario y repetitivo, nos impulsaba, siempre con silbato en la boca, a realizar los movimientos, castigando siempre con una simulada dureza a los flojos o torpes. Nunca hicimos algún deporte ni actividad grupal u organizada. Así transcurrió en esta área toda mi primera infancia y la primaria.

Ingresé a la secundaria en el Instituto Patria, escuela entonces muy grande y que contaba con el gran prestigio de los Jesuitas como educadores. Me encontré repentinamente en un grande y complejo nuevo mundo, de muchos alumnos y muchos salones, con un argot diferente, compañeros maloras, sin amigos ni conocidos, con normas y costumbres diferentes, grandes patios y muchas canchas para el deporte.

Ahí todos los alumnos debíamos practicar un deporte y la elección era voluntaria; se privilegiaba el futbol, aunque también se practicaba el voleibol, y en el gimnasio había canchas de basquetbol. Yo nunca había practicado ninguno de estos deportes, ni sabía las reglas ni sus trucos, así que en cuando me indicaron que tenía que inscribirme en alguno, escogí el fut, pues pensé que era el más fácil – sólo cuestión de seguir instrucciones del capitán y de pegarle a la pelota hacia la cancha contraria – me dije…

El sistema para integrar los diferentes equipos funcionaba así: nos formábamos todos en el patio, en una sola larga fila, y el entrenador, recorriendo lentamente la fila, escogía a los que iban a ser los capitanes, los que seleccionaba en base a su conocimiento de las habilidades futboleras de sus alumnos, a los que conocía por su largo paso por la primaria. Pues heme ahí formado, en babia, cuando para mi sorpresa veo que el entrenador era nada menos que el pongan atención, mi profesor de gimnasia de la primaria. Sin duda que el mundo es raro, pensé.

Comenzó el ritual de la selección y el profe inició el lento recorrido por la fila, escogiendo a su criterio a los mejores jugadores para ser capitanes de cada equipo; llegó junto a mí, me miró y, seguramente reconociendo mi rostro y ciertamente sin saber por qué me conocía, me escogió como uno más de los capitanes…

Mi sorpresa e incredulidad fue tal, que paralizado, no pude oponerme ni aclararle su error. Continuó su camino y selección y así quedé yo, designado como capitán de uno de los equipos… Supuse que ya no podía hacer algo para cambiar la situación, y me resigné a vivir malos ratos que el fut me deparaba.

A partir de ese día, mi designación no fue alegría, sino angustia. ¿Cómo, a quien decirle que no sabía algo de futbol? ¿Qué iba a hacer con mis jugadores? ¿Cómo coordinarlos, dirigirlos?

Muerto de miedo y de confusión, mi estrategia y mis instrucciones fueron muy simples, claras y precisas, y antes del primer partido se las comuniqué a mis jugadores: cada quien jugará en la posición que quiera y le guste, que no nos metan goles y hagamos nosotros muchos… Por mi parte, me coloqué siempre como defensa central, pensando que era la posición más fácil, y cada vez que el balón estaba a mi alcance, lo único que hacía era chutarlo con fuerza hacia el lado enemigo o hacia fuera de la cancha, entre mas largo el despeje, pensaba, mejor.

Así las cosas, jugamos toda la temporada, anticipando yo resultados desastrosos, contra los demás equipos de la secundaria.

Como mencioné al inicio, la suerte y las circunstancias nos llevan en ocasiones a resultados impensables. Ese año, el equipo, mi equipo, ganó el campeonato. A pesar de su inepto capitán, resulta que como jugadores teníamos a los dos mejores de la escuela, a la Araña Basaguren y a Lapuente, cuyos nombres le serán célebres a los conocedores del fut, pues siendo ambos desde entonces muy buenos futoboleros, llegaron posteriormente a jugar profesionalmente en la Primera División, e inclusive Manuel Lapuente, a ser Director Técnico de la Selección Mexicana, creo que hasta en un par de campeonatos del mundo.

Él sí, con el tiempo, llegó a ser El Capitán del Equipo…

18 comentarios en “El Capitán del Equipo”

  1. Me has hecho recordar mi vida futbolera de la primaria y la secundaria, nostagia a jugar nuevamente con mis companeros…saludos querido primo, me encantaron tus lineas Joyceras…!

    1. Recordar es vivir, dicen. Los gratos recuerdos son la parte bonita de nuestras historias personales. Mis recuerdos de los Mendez y Tlalmanalco y de la casa de Mesones de tu abuela son de los más gratos.

  2. Jajajaja!!! divertidísimo lo de “el pongan atención”, solté varias carcajadas con tu lindo relato, gracias.

    1. Con las angustias que enfrentamos en la vida, vienen juntas las alegrías; en ocasiones no nos percatamos de estas. Disfrutémoslas…

  3. Claro que me acuerdo pues tanto Rodolfo Garcia Muriel Y yo nos toco ser capitanes en la Secundaria.
    La Araña Basaguren estaba un año arriba de nosotros pero tanto Manuel y Diego Lapuente terminaron conmigo. Que bonitos recuerdos de nuestro querido PATRIA toda una charla Ignaciana
    Saludos
    Armando

  4. ¿Que tal?, no sabia esa faceta tuya de futbolista, a veces solo basta con creerse el papel, lo de capitán en muchos sentidos se te quedo, incluyendo las aeronaves.

    1. El verdadero, real Capitán eres tú, Eduardo. Bueno, falta renovar la licencia… Y cabe decir que después de esa experiencia, me gustó mucho el fut, sobre todo a nivel de “cascaríta” callejera. En mis tiempos, se podía jugar en la calle…

  5. Parece que la vida misma se trata de eso. Llegamos sin nada y nos iremos igual; no sabemos vivir, no conocemos las reglas, y ya es hora mamar. ¿Qué hemos hecho que ya supiésemos hacer? Cada instante es inédito e irrepetible; algunos se parecen, pero siempre son diferentes. La vida y El Capitán discurren por el mismo camino, hazlo lo mejor que puedas y diviértete.
    Hasta el siguiente.

    1. “Hazlo lo mejor que puedas y diviértete…” Sabia, valiosa, básica forma de enfrentar los retos. David Urdaibay dixit.

  6. Que buena historia del Luisma de antaño… ejemplificaste el dicho en ingles de ‘Fake it ’till you make it’…

    1. Mi deseo de compartir vivencias, experiencias personales y recuerdos que me comuniquen con ustedes y me muestren como soy.

      Y sí, esa estrategia de ‘Fake it ‘till you make it’ funciona a veces.

      ; )

  7. Tu experiencia me parece algo vivido muchas veces, saliendo adelante “quien sabe cómo”, pero saliendo. Eso es la vida: retos constantes y los errores que enseñan, la creatividad, la improvisación…y el crecimiento personal en todo esto.
    Que buena memoria tienes y que padre que dedicas tiempo a recordar momentos de tu vida y a compartirlos

    1. Cómo enfrentamos los retos, con qué recursos y fuerza interior, es como podemos superarlos. De no hacerlo así, son fracasos.

      Como acertadamente señalas Lucía, son oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal.

      Y el objeto de recordar y compartir estos recuerdos, es comunicarme y relacionarme mejor con familia y amigos. Decirles “así soy yo…”

      Besos,

  8. Me hiciste revivir las clases de gimnasia de la escuela metropolitana propiedad de mi padre, que tiempos señor don simon. un abrazo cariñoso.

    1. Fueron muy felices, no sólo por la comunidad escolar, sino porque estuvimos cerca de ustedes, familia Limón León. Saludos Lalo,

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