Soy Piloto de Fórmula 1

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Dedicado al Capitán Ricardo Ortega Romo, mejor conocido en el bajo mundo de la aviación como “Capitán Momo”, quien al mando y en los controles de un Airbus 380, viaja aún más rápido que un piloto de F1.

Y quien sabe mas que yo de esto.

 

“¿Cómo llegué hasta aquí…?

Desde mi infancia he recorrido miles de kilómetros en múltiples carreras, circuitos y autódromos. He conducido karts, motocicletas, autos deportivos, Fórmula BMW, F3, F2… Son incontables las carreras en las que he participado y los autos de competencia que he conducido. Heme ahora aquí, en la cúspide mi carrera, asumiendo los controles del auto de competencia más rápido y más tecnológicamente sofisticado, un auto de la Fórmula 1.

Cuando lo conduzco, me doy cuenta que estoy contrariando las leyes de la naturaleza, pues me estoy moviendo más rápido de la velocidad para la cual mi cuerpo fue diseñado. La aceleración, la velocidad y las fuerzas G me producen tal presión, que siento al conducir que mi cuerpo se mueve primero, y después, le siguen mis órganos internos.

Enfrento tales fuerzas G que tengo que soportar tres o cuatro veces la fuerza de la gravedad, lo que significa que por momentos mi cuerpo, mis brazos, mi cabeza, pesan tres veces más que lo real. En el arranque de la carrera, mi auto alcanzará 160 kilómetros por hora en menos de 2 segundos. Y en ese lapso, mi cabeza es empujada hacia atrás con tanta fuerza y de manera tan violenta que mi rostro se desfigura, produciendo una especie de sonrisa macabra…

Al siguiente segundo he realizado ya dos cambios en la caja de velocidades, y cada vez que lo hago, la fuerza de la aceleración me arroja y presiona de nuevo contra el asiento. Después de tres segundos, la aceleración me ha llevado a 320 kms/hr y a esa velocidad, mi visión periférica se nubla y desparece completamente, por lo rápido que pasan a mi lado los objetos; sólo puedo percibir lo que tengo directamente haenfrente. En algunas pistas, como el Autódromo de la Ciudad de México, una de las más rápidas de la temporada, puedo alcanzar velocidades de hasta los 360 kms/hr… Y es en esta etapa y circunstancias que tengo que conducir y maniobrar el auto entre los de los otros pilotos, luchando por conservar mi lugar de partida o por rebasar a otros; entre lobos estaría mas seguro. Es una de las fases más complicadas de toda la competencia.

Los 800 caballos de potencia del motor me gritan constantemente a casi 130 decibeles, y cada pistón completa 1,000 ciclos de combustión en cada minuto, lo que conlleva sentir vibración a ese ritmo.

Mi cuello y hombros sufren un tremendo esfuerzo, tratando de mantener mi cabeza a nivel horizontal, mientras la fuerza centrífuga la mueve y empuja hacia los lados en cada curva, cientos de veces en una carrera. La tremenda aceleración hace que la sangre se concentre en mis piernas, y que menos me llegue al corazón, lo que significa que este bombea menos cantidad y tenga que forzar el ritmo del pulso. En una carrera, mi pulso está entre los 180 y los 200 latidos, y así permanece la mayor parte de la competencia, que es de casi dos horas.

Mi respiración se acelera porque mis músculos reclaman más sangre, la velocidad me limita, literalmente, la respiración, y todo mi cuerpo, pleno además de adrenalina, permanece en un estado de alerta intensa, de emergencia. Que dura dos horas…

La boca se me seca, los ojos se me dilatan mientras el auto recorre la distancia de una cancha de futbol en cada latido de mi corazón. Y todo esto me sucede conduciendo el auto, modificado mis estrategias, concentrándome en las curvas del circuito, luchando contra mis adversarios, que hacen todo lo necesario para superarme.

Mi cerebro procesa toda la información disponible a una velocidad increíblemente rápida, ya que entre más veloz, tengo menos tiempo para reaccionar; debo hacerlo no sólo de manera rápida, sino también muy precisa, no importa cuál sea el esfuerzo y dolor físico. Décimas de segundo pueden parecer insignificantes para el espectador, pero para mí significan el ganar o el perder, o pero aún, entre evitar o sufrir un accidente grave.

Si tomo una curva a una velocidad menor a la máxima posible, perderé lugares y la carrera; si la tomo a una velocidad ligeramente mayor a la óptima posible, me despistaré y no sólo perderé la competencia, sino tal vez la vida.

La concentración absoluta en todo el tiempo de la carrera, dos horas, es la primera clave de mi éxito. Debo de permanecer alerta y concentrado en condiciones de máxima presión física y emocional. No podrías tú mantener este nivel de concentración por más de unos minutos. Obviamente, mi cuerpo rebosa y se encuentra literalmente inundado de adrenalina.

Cuento con un breve lapso de descanso mental, cuando me detengo a cambiar llantas.  Me dura 3 segundos…

F1 wheel

Mi volante parece un tablero de jet de combate; botones, switches, controles, paletas. Constantemente tengo que activar o modificar parámetros, sistemas, funciones. Sin perder la atención y concentración en la pista. A 300 kilómetros por hora.

En una carrera, el esfuerzo físico y la deshidratación me hacen perder mas de un kilo de mi peso. Pero además de que debo contar con la condición física y la fuerza de un atleta, requiero también la mente de un jugador de ajedrez, para poder entender y asimilar la información y datos de la telemetría, detectar y calcular puntos de rebase, sostener breves comunicaciones por radio con mi ingeniero del equipo, calcular constantemente el coeficiente de adherencia de las llantas, el consumo de combustible, pues este me es limitado, el desgaste de las llantas, las acciones de los demás, y ejecutar toda una estrategia de carrera. Todo esto a una velocidad que sería mortal para ustedes, que no tendrían la fuerza física ni mental para poder controlarla.

Mentalmente, lo que me ocurre en la carrera es aún más complejo. Mis músculos, la química de mi cerebro, las leyes de física, la vibración y las condiciones de la carrera, se combinan para generarme un nivel altísimo de excitación y de tensión en mi cuerpo, haciéndome sentir con una mente clara y alerta. Muy high.

Por todo lo anterior, terminar la carrera es para mí un triunfo…”

 

 

 

 

 

 

4 comentarios en “Soy Piloto de Fórmula 1”

    1. Siendo un aficionado a ese espectáculo, quise describirlo no desde el punto de vista del show o del espectador, sino desde dentro, desde lo que es ser uno de los pilotos. Desde ahí, se puede entender mejor su complejidad y lo retador y divertido que es. Saludos Diana,

  1. Hola gracias por esta magnífica descripción.
    ¿Conoces alguna actividad humana más exigente para el cuerpo y la mente?
    Abrazos,
    Miguel

    1. Pues me imagino que la de astronauta, o la de médico radiólogo…

      Saludos Miguel,

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