Después de la Fiesta

candle 2El permitir a una persona que siga viva contra sus deseos, es la indignidad extrema.” Stephen Hawkings.

 

No ha mucho, Lucía y yo vimos una película que encontramos buena e interesante, Después de la Fiesta. Producida en Israel, maneja un tema complicado y sensible, el de la muerte asistida, con el mérito difícil de lograr manejar esta cuestión con profundidad y respeto a la dignidad humana, al mismo tiempo que introduciendo chispazos de un humor refrescante y alentador. Paradoja bienvenida.

Nos lleva la historia a situaciones de enfermos terminales, con terribles sufrimientos, o de ancianos ya acabados y cansados de luchar, todos con deseos de terminar su vida y acogerse a la misericordia que conlleva la tranquilidad de la muerte. Todos ellos están conscientes de su decisión de morir y buscan ayuda para lograr su propósito.

Después de la Fiesta. No había mejor título para tratar este tema.

La película nos narra y nos lleva a las peripecias, en ocasiones jocosas, de un grupo de ancianos que intentan ayudar a estas personas, listas para morir y deseosas de tal advenimiento. Nos lleva a presenciar el problema y a reflexionar sobre la viabilidad ética, moral, médica y, sobre todo, humana, de esta decisión de la persona y del correspondiente acompañamiento.

La cuestión ya ha sido ampliamente debatida y hay pronunciamientos claros en ambos sentidos. La Bioética, como una nueva disciplina del conocimiento y un instrumento especifico de análisis equilibrado entre ciencia y valores, continúa investigando las diversas aristas de la controversia y sobre los valores involucrados. En algunos lugares, la muerte asistida está permitida, legalizada y regulada, como en Suiza, Holanda, Bélgica, Colombia, Canadá y en el Estado de Oregon, en los EUA.

Porque pueden ser confundidas, es necesario distinguir entre muerte asistida y eutanasia, pues la primera consiste en la realización de actos propios de una persona que se encuentra en proceso de morir, conducentes para anticipar o acelerar su muerte, y en cambio, la eutanasia conlleva la intervención deliberada por parte de terceros, para poner fin a la vida de un paciente que no tiene perspectiva de cura y tiene gran sufrimiento.

No tocaré mas el tema de la eutanasia, que es aún más controvertida y éticamente confusa, sino el de la muerte asistida, que es un concepto y tema que mucho me interesa.

El Derecho a Morir Dignamente

Es el fondo de la controversia.

¿Qué tan válido es el derecho a morir, con el apoyo de un médico, en el momento y de la manera en que el enfermo decida, motivado por el dolor insoportable y la cercanía de su muerte, con el deseo de conservar su propia dignidad? O puesto de manera diferente, ¿los médicos pueden terminar el sufrimiento de los enfermos terminales mediante una muerte asistida, cuando estos así lo desean y lo deciden?

Lo que busca el concepto y procedimiento de la muerte asistida es evitar lo que se conceptualiza como obstinación médica, que es la utilización innecesaria de medios, instrumentos, procedimientos o máquinas para mantener vivo a un paciente terminal, lo que es en sí válido, valioso y ético, y forma parte del deber ser de la profesión médica. Sin embargo, los casos de excepción que pueden incidir en la procedencia de una muerte asistida, se incluyen más bien en otro nuevo concepto, el de la ortotanasia o el buen morir, que conlleva la muerte de un enfermo desahuciado sin someterlo a una prolongación medicamente inútil y penosa de su agonía.

Del planteamiento de esta cuestión, surgen diversas percepciones y posiciones distintas. Para algunos, la cuestión es indiscutiblemente moral y absoluta: terminar la vida humana de manera deliberada es incorrecto e inaceptable, porque la vida es sagrada y el soportar el sufrimiento confiere dignidad a la persona. Para otros, que rechazan también la muerte asistida, suponen que su legalización es un primer paso en un peligroso camino en el cual las personas vulnerables pueden ser victimas de una muerte prematura, como alternativa a un costoso y largo tratamiento paliativo.

Sin embargo, yo creo que la libertad y la autonomía de la persona son fuente también de la dignidad humana. Le dan valor a la vida. Es cuestionable profesar la santidad de la vida frente a un ser humano que experimenta un dolor insostenible, miserias y sufrimientos, y que desea, de manera consciente, cierta y expresa, terminar esa vida.

En donde no está legalizada la muerte asistida, esta aconteciendo, de manera no visible, por médicos sensibles y de gran humanidad, que después de conocer la voluntad del paciente y de sus parientes, dejan de proporcionar el tratamiento adecuado o administran analgésicos en dosis letales. Pero este procedimiento no es correcto y puede hasta ser ajeno a la Ética, pues deja en manos del médico una acción que debe estar en las del paciente.

 

¿Qué Hacer?

Es interesante ver los principales contenidos que se establecen el Acta de Muerte con Dignidad, vigente en el Estado de Oregon desde 1977:

  • Permite (no obliga) a los médicos proporcionar drogas en dosis letales a pacientes terminales que así lo solicitan.
  • Un segundo médico debe estar de acuerdo
  • Debe de haber un lapso de espera de 15 días entre la decisión y la solicitud y el acto de asistimiento.
  • La dosis letal debe ser auto administrada por el paciente, para evitar una eutanasia voluntaria. Para el paciente, la distinción moral entre tomar una píldora o pedir la aplicación de una inyección letal puede no ser lo mismo, pero ética y procedimentalmente es diferente, tiene implicaciones diversas.

Como podemos observar, pueden establecerse procedimientos para garantizar el derecho a morir y al mismo tiempo, la protección para que esta decisión, literalmente final e irrevocable, sea tomada a través de una información clara y completa y después de haber explorado las alternativas, como lo pueden ser los calmantes y  analgésicos poderosos y la psicoterapia.

Se teme que personas en esa situación de tensión y extrema zozobra pueden no tener la capacidad y lucidez para decidir de manera clara y serena. Pero sería moralmente equivocado negarle a alguien el derecho a una muerte asistida solamente por este riesgo. Como adultos tomamos en nuestras vidas decisiones muy importantes; merecemos el mismo control de decisión sobre nuestra propia muerte.

Yo deseo y es mi voluntad de que, cuando esté listo, en lugar de morir en una sala de cuidados intensivos, bajo luces muy brillantes y entre extraños, terminar mi vida rodeado por los que amo y me aman.

 

 

 

9 comentarios en “Después de la Fiesta”

  1. Mi admiración y respeto para ti Luis Manuel. La muerte en cualquiera de sus formas, variantes y situaciones es quizá uno de los temas más difíciles de entender y asimilar por las personas. Duele saber que la vida se acaba. Duele perder a los que amamos. Yo en particular, soy de las que sigo sin creer que algún día ya no existiré, que no veré más a mis hijos, que no miraré más el atardecer, ni saborearé los limones, ni sentiré la caricia del agua en mi piel, en fin, todo lo que es la vida. Por eso, es valiente y admirable que alguien, como tú, pueda entender y asimilar ese fin de la vida bajo un contexto tan difícil como el de una enfermedad y pueda aceptar un final decidido, consciente, planeado y asimilado. Es una muestra de plena madurez. Te mando un abrazo.

    1. Interesantes y valiosas son tus reflexiones, Diana.

      Qué importante es que cada persona, cada uno de nosotros, tengamos nuestra propia percepción y visión de lo que es la muerte, y lo que esta conlleva. Elizabeth Kübler-Ross, una de las tanatólogas mas lúcidas y famosa, calificaba a la muerte como nuestra ultima oportunidad de desarrollarnos, de evolucionar.

      Qué bueno que compartas con esta comunidad tus ideas y comentarios.

      Saludos,

  2. Una disculpa por respoder hasta ahora.

    El tema en muy controversial como ustedes lo plantean. Comparto el caso de mi mamá, a los 85 años lo que los hermanos hicimos con ella fue darle analgésicos para que no sufriera, por la edad murió sin necesidad de una muerte asistida. Por otra parte, la semana pasada murió una hermana de mi papá a la edad de 105 años, sin deseos de vivir desde hacía más de 15 años. ¿Qué procede en esos casos? La tía no tenía enfermedad alguna , eso si todos los achaques del mundo.
    Me está claro que los ancianos no son objetos desechables como lo panteó en su momento Aldoux Huxley en “Un mundo feliz”. Yo a mis más de 70 años acepto que algún día moriré. Yo al igual que muchas otras personas pedimos calidad de vida y no una vejez con tubos, respiradores, sueros, pañal, andadera y todo lo demás.
    Estoy de acuerdo con el planteamiento de la ley en Oregón sobre la muerte asistida que tu Luis Manuel explicas en tu interesante planteamiento.
    Por lo pronto ¿qué es lo que nos toca hacer? Yo creo es aceptar la realidad (arrugas canas, prédida de facultades, de amigos y familiares entre otros temas), luchar contra ella es una batalla perdida. Además, por mi parte, trabajo en la prevención para tener una vejez sana, JAJAJA, para ser autosuficiente el mayor tiempo posible.

    Saludos

    1. Interesantes Alejandro tus experiencia personales en estas situaciones; no hablas desde un punto de vista teórico. Las has vivido y enfrentado…

      Desde luego que aceptar con gracia y dignidad el proceso de envejecimiento es la ultima oportunidad de crecimiento personal y espiritual que tenemos. Y enfrentar las limitaciones y “achaques” en la medida que nuestra fortaleza interna nos lo permita.

      Esta es mi visión y mi estrategia; creo que lo ves igual.

      Un abrazo,

  3. Hola Luis Manuel: lee el libro: “Práctica y ética de la eutanasia” de Asunción Álvarez del Río. Fondo de cultura económica. 2005. Te lo recomiendo.

    1. Agradezco querida Genny tu recomendación. Me daré un tiempo para leerlo. Saludos,

  4. Gracias Luis Manuel. Lo mismo que ustedes, a Oliva y a mi nos impresionó mucho la película.
    Evidentemente todos tenemos una opinión en este tema cuando estamos “buenos y sanos”. La incógnita es realmente qué pensaremos enfrentados a la inminencia de la muerte por una de esas terribles enfermedades. La vida no es otra cosa que el aprovechamiento (o desperdicio) del tiempo. En un momento como ese (e independientemente de los trámites burocráticos que hayamos hecho) seguramente pasarán por nuestra cabeza muchas ideas en torno a si vale la pena usar o desechar ese pequeño residuo que nos quede de vida… el problema es que en una situación así, todas las ideas estarán filtradas por fortísimas emociones… espero que en la eventual, pero muy probable situación, siga yo pensando con la serenidad y claridad con que veo las cosas hoy (o con creo que veo…).

    1. Qué interesante e importante reflexión nos compartes Pancho. Efectivamente, deben de ser diferentes la percepción, la perspectiva y las emociones al anticipar cómo podríamos reaccionar en el futuro, a lo que en su momento sentiremos y pensaremos. Sin embargo, yo creo que la anticipación y la reflexión previa nos pueden otorgar esa perspectiva sobre lo que es mejor para nostros y para los demás. Sería como una especie de preparación, racional y emocional…

      Y desde luego estarán las personas que nos aman y protegen, los que serán, sin duda, de gran ayuda en su momento, incluyo a los amigos.

Los comentarios están cerrados.